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Sobre mi

Soy Francisca Gálvez

Madre de Leonardo, compañera de Domingo, hija de Lucrecia y Patricio, nieta de Lucrecia, Hilda, Luis y Carlos.

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Profesionalmente me he desarrollado como antropóloga social, con un interés especial por el género, feminismo, las culturas matrízticas y su sabiduría ancestral. He caminado distintas rutas, caminos, y medicinas de la tierra, formándome en distintas terapias y de esta forma también nutriéndome profundamente de ellas. 

Ahora he transformado mi vida en mi oficio, y mi oficio en mi vida. Cuando me volví madre vivi lo que realmente es realizar cada labor diaria como una ofrenda a la Diosa, volviéndose sagrado cada paso y tarea. De esta manera, mi desarrollo profesional se volvió una parte de mi cotidiano, dejando entonces de vivirlas como dimensiones "separadas" de mi misma. De esta manera, siento que logre realmente hacer de mi camino terapéutico una forma de vida. 

Mi rezo ha sido sanar mis raíces familiares, ancestrales, y transpersonales, para traer paz a mi vida y a mi corazón desde ese lugar de certeza interior. Desde mi experiencia, solo así puedo mirar a un futuro más cercano al amor y a mi real naturaleza, viviendo un presente más pleno y gozoso.

Creo que toda misión de vida personal, necesita estar tejida a la misión colectiva que tenemos como especie: traer paz y amor a nuestra humanidad, iluminar y elevar nuestra frecuencia, para así alinearnos con Gaia, Madre Tierra.

Hace años camino lo que hoy entiendo es chamanismo femenino o sacerdocio femenino, el cual consiste -desde un enfoque moderno, ancestral y humanista- en reconciliarnos con nuestra biología femenina, y  volver a lo que Humberto Maturana llama "la biología del amor". Siento que nuestro cuerpo es un templo y regalo, el cual debemos explorar para evolucionar tanto a nivel personal, como colectivo. Esta visión de alguna manera trae de vuelta uno de los arquetipos -vórtices de energía ancestral conscientes e inconscientes- más antiguos de la humanidad: la mujer como sacerdotisa, portadora del don del útero, la vasija de los misterios, puente entre los Mundos. La mujer encarna el misterio, une espíritu y materia, y cuando recupera este saber corporal, recupera su poder y biología amorosa.

Como mujeres y sacerdotisas, poseedoras de un útero que cobija la vida, y senos que nutren con amor, creo que es parte de nuestra misión traer "la memoria de vivir en paz" a nuestro corazón, nuestra vida, relaciones y a todo lo que nos rodea.

Tejamos día a día bonito, para vivir bonito.