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  • Francisca Gálvez

Meditación Mujer de fuego, kali, baba Yaga y la mujer salvaje

La ira, la agresividad, el odio y el enojo están en la sombra sobre todo de las mujeres como colectivo. Cómo han hablado muchas mujeres sabías, y específicamente en chile la antropóloga Sonia Montecino, la identidad de las mujeres está constituida desde la maternidad, es decir desde el modelo Mariano. La madre es el símbolo fundador del mundo mestizo, y se conforma como el centro de la identidad de las mujeres, siendo sus características principales el amor, la dedicación, la bondad, la castidad y el sacrificio por sus hijos. Esta imagen tiene relación con una herencia judeocristiana que perdura hoy en nuestra cultura, y que tiene que ver con la dualidad de la imagen de las mujeres fundada en Eva y María la virgen. En esta matriz las mujeres somos definidas por nuestra naturaleza sucia, imperfecta y traicionera heredada de Eva, madre de la humanidad. Y la salvación para nosotras se encuentra en el ejemplo de la Virgen María, el cual sólo podemos alcanzar mediante la purificación de nuestro ser, anulando todo rastro de sexualidad y corporalidad en nosotras mismas (Duby & Perrot, 1992). Si bien hoy podemos no ser cristianas, estos símbolos han perdurado hasta el día de hoy, enseñándonos desde pequeñas a ser buenas, amorosas, siempre dulces y mantenedoras de la armonía en las relaciones. Esto se suma a todas las situaciones de injusticia y violencia que hemos vivido a los largo de los siglos, que naturalmente genera en nosotras emociones de rabia, enojo y frustración. La diferencia es que como todo trauma de shock producido por acontecimientos violentos, queda acumulada la reacción de defensa propia que no pudimos hacer en ese momento … Con el tiempo esto se densifica en corazas y memorias heredadas que hoy reproducimos sin darnos cuenta. Y así es como se nos ha formado de tal forma que siempre debemos mantener la compostura y ser dulces, aun “no reaccionamos” ante cualquier acción que traspase los limites, que nos genere molestia, que no nos guste o que simplemente nos este dañando de algún modo. Accedemos a los deseos de los demás como buenas madres, y en ese acceder nos dejamos de lado. Hemos perdido el instinto de protegernos y decir que no, de enojarnos y marcar los limites como buena loba, ante los intrusos. En vez de eso mostramos muchas veces una falsa dulzura (lo digo porque yo misma lo he hecho y también lo veo en nosotras), una actitud pasivo-agresiva, que no es real, es solo una máscara que usamos por miedo a no ser aceptadas tal cual somos. Como dice Clarissa Pinkola Estés, parte del viaje psíquico de las mujeres es dejar morir a la niña demasiado buena, para encontrarnos con la mujer salvaje, con la baba yaga, que nos conecta con la sabiduría ancestral de las mujeres de conocer los procesos de muerte/vida/muerte, de sombra y luz, de sangre y misterio. Así nos acercamos a ser más nosotras mismas, lobas que gruñen, que aman, que corren, que se enojan y que gozan de felicidad. “la comprensión de que el hecho de ser nosotras mismas hace que muchos nos destierren y de que el hecho de acceder a las exigencias de los demás hace que nos desterremos nosotras mismas. La tensiones son un tormento y se tiene que resistir, pero la elección esta muy clara” Clarissa Pinkola Estés

Por eso cuando tengas rabia, permítete, siéntela has una danza de fuego con tambores, golpea cojines y libéralo todo. Luego puedes hacer la siguiente meditación:

Sentada, siente el fuego arder en tu estómago plexo, conéctate con la ira, siéntela, permite que se movilice. Llévala a todo el cuerpo, siente como se expande por todas tus células, por todo tu ser, alcanzando incluso tu aura. Dale espacio, dale tiempo, siente. Visualiza que este fuego encendido se eleva a tu corazón, ardiendo aquí y quemando toda densidad que pueda haber. En tu garganta lo mismo, en tus genitales, en todo el cuerpo. Elévalo a tu ajna chacra (entrecejo), y permite que arda tu entrecejo y que se clarifique tu visión. Permite que queme este fuego todo lo que no ves. Y pídele que te muestre que estas integrando con la rabia, que necesitas aprender de ella. Respira profundo. Quédate en este estado un tiempo. Cuando ya sientas que es suficiente párate y sacude tu cuerpo liberando toda energía extra que te quede. Lleva las manos a la tierra, conéctate con la madre tierra, y permítete seguir drenando a través de ella, agradécele, que ella trasmuta todo.

Yo: A mi hoy la ira me muestra que nada es personal, que nada de lo que los demás hacen es personal hacia mi, que solo somos dos espejos mostrando las luces y sombras una de la otra. Hoy la rabia me muestra que necesito confiar más en mi, autoafirmación, y protegerme mas como una loba, ser más astuta e intuitiva con las personas, no tan niña confiada. ¿qué te muestra a ti esta maestra?



Francisca Gálvez Antropóloga, terapeuta holística, bruja, madre y feminista Fun page: Árbol de Luna


Bibliografía Experiencia propia Montecino, S. (2010). Madres y huachos, alegorías del mestizaje chileno. Santiago: Editorial Catalonia. Duby, G. & Perrot, M. (Ed.). (1992). Historia de las mujeres en occidente. Tomo 2: La Edad Media. Madrid: Taurus Ediciones.

Pinkola, C. (2009). Mujeres que corren con lobos. Barcelona: Penguin Random House Grupo Editorial.

imagen: James RODERICK


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