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  • Francisca Gálvez

Crónicas “la memoria de mi útera” Una visión matríztica de la geometría sagrada: orgánica, ciclica y

Las distintas geometrías sagradas, como los sólidos platónicos, la semilla y flor de la vida, la merkaba, etc., son tecnologías que nos recuerdan nuestro origen, hablan de nuestra constitución, de la vida y de cuáles portales debemos transitar para evolucionar. Es un regalo para nuestra humanidad, el haberlas heredado desde despertar de nuestros ancestros y ancestras como canales de luz. Sin embargo, como en toda herencia: desde el yoga, el tantra, los libros sagrados, hasta los dioses y diosas, las historias y mitos, estas mismas han pasado por el filtro patriarcal. Todo lo que hoy nos llega es fruto del mestizaje, entre lo que fue matríztico y lo que fue patriarcal. En otras palabras, hay una parte de la historia que quedó olvidada y que hoy es necesario recordar. Nos han dicho que siempre fuimos guerreros, que la violencia siempre ha sido parte central de todas las sociedades y civilizaciones humanas, y que además, nos definimos como especie por nuestra capacidad de pensar. Sin embargo, la historia que hoy vengo a recontar pone en duda estas creencias. Si, eso son, creencias. Hoy la misma arqueología pone en duda de que esto siempre haya sido así, y asume que desconocemos realmente gran parte de nuestro pasado. Pero a pesar de esto, hay un relato que permanece, y este es, la memoria de nuestra útera. Ella si recuerda los caminos olvidados, las historias silenciadas y las profundidades del tiempo. Un entendimiento que hoy nos trae, es el filtro por el que ha pasado la geometría sagrada. Tal como los dioses fueron transformados, siendo la diosa anulada en los semitas (pueblo del antiguo testamento), y fragmentada en los griegos (una diosa pasa a ser muchas, el sexo queda en Afrodita, la mente en atenea, la independencia en Artemisa, el matrimonio en Hera y la maternidad en démeter), inevitablemente la geometría o código de sabiduría también fue cambiado. Nadie pone en duda la sacralidad y perfección de las geometrías, pero recordemos que siempre tienen filtro humano, lo cual es bueno, pero nos lleva a poner atención siempre en las diversas formas de ver, sentir y entender. La memoria matríztica trae visiones antiguas pero renovadoras en todos los ámbitos. En la geometría sagrada nos recuerda que esta también es orgánica, verde, fluida, equilibrada, armónica y cíclica. No solo lineal, recta y perfecta (muy pitagórica y platónica esa visión). Recordemos que los sólidos platónicos pasaron por el filtro de los arios (invasores amantes del dios del trueno, de la espada y la violencia), que luego en mestizaje con los pueblos indígenas del lugar, pasaron a ser los que conocemos cómo griegos. De ahí que observar con atención toda nuestra herencia es importante, ya que tiene huesos olvidados en el sótano, piezas perdidas o destruidas, e innovaciones que en ese entonces trajeron los indoarios, pueblos que fundaron lo que conocemos cómo patriarcado. De ellos nacieron semitas, griegos y por supuesto, los indios y su rigveda. Importante es la memoria, especialmente la de nuestra útera, que nos trae el relato olvidado, las piezas que nos faltan, eso que siempre sentimos que era nuestro pero que por algún motivo no lo teníamos en nuestras manos. En la formación activadoras “la memoria de mi utera” trabajamos con esta geometría matríztica, que llamo símbolos más bien, para aludir a su cualidad versátil, múltiple y transformadora. Y creo que a la vez es importante recordarla como geometría, ya que tiene esta cualidad de activar en nosotras la memoria del origen, recordarnos nuestro código humano, despertar nuestra sacralidad, limpiar y armonizar nuestros elementos (tierra, fuego, aire y agua), devolver el movimiento de nuestros chakras, y así, todos los beneficios de lo que conocemos cómo geometría sagrada. Sumado al recuerdo de que lo geométrico puede ser orgánico, ya que está compuesto de vibración, caos, curva, espiral, cambio y fluidez (ver foto de geometrías encontradas en la costa del norte de chile y en Norteamérica). Esta es solo otra visión, pero tan importante, porque rescata la memoria de una parte que somos, que nos constituye y que se quizo no recordáramos porque es tremendamente revolucionaria: lo fluido es perfecto, lo cíclico tiene su orden, en el caos nace la armonía, en la noche hay luz, y las mujeres estamos completas, sanas y perfectas tal cual somos (los griegos decían que éramos incompletas, imperfectas y enfermas, inventaron la histeria y consolidaron la geometría tal como llegó a nosotros) Esta crónica no es para desacreditar, sino que para sumar experiencias, vida y entendimientos. Para recuperar las partes perdidas y olvidadas, caminando así cada vez más bonito, íntegro y armónico con nuestra alma. Fran

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